La velocidad relativa

El tema de hoy – la velocidad relativa – trata sobre la importancia de regular nuestro tiempo. Para poder llegar a este punto, me gustaría comenzar hablando de una percepción estrechamente vinculada al tiempo que es la velocidad -la velocidad relativa- a la que ocurren las cosas. El concepto de velocidad relativa es un fenómeno que descubres cuando estudias física. Se trata de un concepto que tiene que ver con el movimiento, que siempre es relativo porque tiene que tener una referencia particular escogida por el observador. La velocidad de un objeto, por ejemplo de un avión que observas al despegar, no es la misma que su velocidad respecto a la tierra.

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Y creo que podemos aplicar este mismo concepto de velocidad relativa a nuestras vidas. Percibimos que la gente tiene velocidades o ritmos diferentes. Un fenómeno causado, en mi opinión, por la cantidad de información que percibimos día a día, que -en los acelerados como yo-  genera la necesidad de tener que hacer algo, de estar en movimiento constante. Pero no sólo nos afecta la cantidad de información que recibimos, sino también el momento en la que nos llega. Cuando recibimos información en tiempo real, esto nos provoca una sensación de urgencia. Las plataformas que permiten tener información en tiempo real (p.e. Twitter) provocan que tengamos la sensación de que está constantemente pasando algo.

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Vayamos un paso más allá. Nuestro ritmo o nuestra velocidad relativa, además, viene alimentada por la necesidad humana de sentirnos conectados. Parece que el “always connected” nos produce el efecto placebo de creer que siempre está pasando algo. Pero también produce otro efecto: Cuanto más tiempo pasamos conectados, menos es el incremento marginal de nuestra satisfacción. Un ejemplo: Recuerda la primera vez que te conectaste a Facebook o a Twitter y compárala con la última vez. La experiencia ha cambiado. El valor recibido también. Revisar concepto de infoxicación.

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Por tanto, tengo una mala noticia para muchos de vosotros: Vivimos engañados. Nuestra velocidad relativa es mayor que la velocidad real a la que pasan las cosas. Tenemos un exceso de sensación de velocidad provocada por el ruido de nuestro entorno. El ruido está compuesto por información -mucha, excesiva- que se está moviendo además a tiempo real. Pero lo realmente preocupante no es nuestro propio ritmo -del que al fin y al cabo somos responsables nosotros mismos-, sino el hecho de formar parte de  una sociedad en la que no existe concienciación de la velocidad relativa. Todo es para ahora, todo tiene que ser rápido, siempre más rápido. Solemos decir, por ejemplo, que las entregas “son para ayer” (algo imposible hasta que descubramos cómo se viaja en el tiempo); queremos lanzar proyectos en menos tiempo del necesario; no pensamos a largo plazo, no pensamos en el para qué o en el por qué. Lo importante es la velocidad, siempre más velocidad.

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Mientras tanto, el mundo gira a otra velocidad. Los cambios tardan en producirse. Las cosas a veces no ocurren. Las personas a veces no cambian. Las organizaciones siguen haciendo lo mismo. Los proyectos requieren su tiempo aunque nos empeñemos en acelerar el ritmo.

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El  “tempo” es uno de los secretos de éxito de la vida en general y de los negocios en particular. Si no encontramos un equilibrio en todo ello, probablemente irá creciendo nuestra frustración, una insatisfacción que hará que no seamos felices. Y llevándolo al terreno de las empresas, creo que hacen falta líderes que tengan la habilidad de ser  “graduadores de la velocidad”. No todo es para mañana. Las prisas provocan pérdidas de eficiencia y de dinero enormes, además de un desgaste importante en las personas. Hay cosas que simplemente con algo más de tiempo se hacen bien. Gradúa la velocidad de tu organización y conseguirás mejores resultados..

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